Llevo semanas queriendo escribir. Pero he estado entre picos y valles, montañas y ríos y me he agotado yo sola. Las investigaciones nos cuentan que las mujeres tenemos una tendencia de la variabilidad de nuestro humor mayor que la de los hombres. Cuando vives con dolor no sé yo si eso ampliará nuestra diferencia en intensidad para mejor o para peor. Pero para mí la cuestión, como todo mi aprendizaje en la vida, solo reside en la actitud y en tu tipo de personalidad. La mía, que me encanta, tiene que ver con el tipo optimista, extrovertida y amable (baja abuelita que subo). Pero a pesar de eso, los golpes y avatares de la vida nos mantienen en un viaje de subidas y bajadas, que seas como seas, genética, biológica, emocional o cognitivamente, tienes que saber encajar. Porque cuando estas agotado de subir a un pico, estás pensando en volver a tu pradera, y cuando tu vida está más tranquila, te falta la vidilla de escalar o de encontrar una nueva montaña. Me parece agotador estar deseando justo lo que no tenemos.
Me considero afortunada porque el dolor vivido a lo largo de mi vida me ha enseñado mucho de mi. He tomado mucha consciencia de lo frágil que soy y a la vez, de lo fuerte que me mantengo y la suerte que tengo. Valoro lo que tengo y cuando estoy en modo nostalgia observo lo humana que soy :). Cada vez que me llega un valle de varios días paso por una experiencia que siempre se repite, y no por ello me acostumbro ni es menos agradable.
Primero la prevención emocional: «por un día que has tenido con dolor moderado no te vengas arriba». Segundo: la sorpresa. Si el amigo se mantiene 2 o 3 dias dormido, coge tu agenda, y despierta tu cuerpo y tu cerebro para imaginar, fantasear y hacer planes. Tercero: si el estado de quietud sobrepasa la barrera de las 72 horas, mi euforia interna resucita y mi estado de activación se da la vuelta del revés y se pone en modo «aprovecha que son dos días». Entonces quiero llamar a todo el mundo, cierro alguna quedada con amigas que estén disponibles por el barrio, tengo ganas de volver al gimnasio, me entran ganas de comprometerme con proyectos divertidos para que profesionalmente mi auto-estima laboral no muera del todo, creo proyectos nuevos, ideo tonterías, quiero bailar, viajar con mi familia, ir al teatro y gritar al mundo: «oeoeoeoe I am back»!!! Es muy divertida la sensación de sentirme tan viva, de disfrutar de mi esperanza, y el poder comprobar que mi cuerpo y mi mente están alineados, y que puedo hacer «cositas» diferentes a mi rutina. Como dirían los adolescentes «mola todo».
Pero claro, a día de hoy no hay un paisaje (que yo conozca todavía) que se mantenga en llanura permanente. Antes o después, divisas una montaña. Mis valles son pequeños, y no puedo hacer ni la mitad de lo que me propongo, pero me parecen tan inmensos como si fuera una niña de 4 años a la que todo le parece enormemente maravilloso. El colegio, tus padres, un charco, tu tarta de cumple, y un osito de peluche. Desgraciadamente mi perfil de niña tambien me hace ver la montaña endiabladamente alta y aunque cada vez menos, es que el trigémino me lo pone difícil. Porque cuando vuelve a querer tomar el control de mi cuerpo, la escalada se me hace compleja. Y cuando llego a la cumbre, la mayoría de las veces, no diviso otro valle sino una cordillera interminable rocosa, afilada y así, como con muchas nubes, donde hace mucho frío, y llena de hielo y frío. En fin…tengo un imaginario mental de películas, y libros estupendo. Pero realmente, lo vivo y siento así.
Hace unas semanas pasé por un valle de unos 10-12 días, lo disfruté infinito. El resto han sido los Alpes. Nunca he sido fan del alpinismo ni me considero montañera. Pero la vida sin duda, me está enseñando a escalar en hielo y hasta a rapelar. Con lo que echo de menos yo bucear. Como dice mi gran amiga Noemí: «la vida sin duda, tiene un gran sentido del humor». Me chifla su frase. Y yo que soy muy de Dios, sé que en cualquier tipo de orografía me da la mano para ser más fuerte y para seguir caminando aceptando Su voluntad sin resignarme, sin rendirme, y sin buscar por ello que todo vaya a mejor. Me dejo llevar y solo confío en que es lo que tiene que ser.
Hace semanas descubrí que pretender volver a mi vida de antes, es absurdo. Emocionalmente no me lleva a ningún sitio. Creer que es pasajero, y que luchando contra los elementos puedo vencer al dolor y recuperar cómo ha sido mi vida previa, es una ilusión que me ha hecho mucho daño. Disfrutar de los valles al máximo, e ir aprendiendo a desenvolverme entre picos y montañas es mi camino ahora siendo la misma, pero haciendo diferente. A pesar de que nunca fui deportista ni amante de los retos físicos, qué duda cabe que nunca es tarde para aprender otro nuevo «hobbie» que me transforme y me configure desde lo más profundo de mi ser, consiga o no los 14 ochomiles.



